
El lucio del norte (Esox lucius) es el principal depredador de agua dulce del hemisferio norte. Destaca por su cuerpo hidrodinámico con un patrón de camuflaje muy efectivo y una mandíbula poderosa repleta de dientes afilados. Los ejemplares de gran tamaño pueden alcanzar pesos de hasta 25 kg.
Como clásico depredador de emboscada, el lucio se alimenta de peces, ranas, cangrejos de río, aves acuáticas y pequeños roedores. Ataca a sus presas con una aceleración explosiva desde la cobertura y es capaz de engullir presas de hasta un tercio de su propio peso corporal.
El lucio alcanza su máxima actividad con temperaturas del agua de entre 8–20 °C. Las mejores épocas para la pesca del lucio coinciden con el frenesí alimentario de primavera (justo después del desove en marzo–abril) y el frenesí de otoño (octubre–noviembre). En verano, su actividad se concentra al amanecer y al anochecer. Asimismo, pica muy bien en días nublados y con baja presión atmosférica.
El lucio suele mantenerse cerca de zonas de vegetación acuática, sumergidos, cortados (desniveles) y bajo orillas voladas, siempre buscando la cobertura desde la que acecha a sus presas. Los ejemplares más grandes y trofeo tienden a permanecer en zonas más profundas.
Entre los señuelos más eficaces para la pesca de lucio se encuentran los crankbaits, cucharillas ondulantes o giratorias, vinilos (señuelos blandos), spinnerbaits y cebo vivo. El spinning es el método principal, aunque el aparejo con cebo vivo resulta enormemente efectivo para capturar grandes ejemplares. El uso de un bajo de línea de acero o fluorocarbono grueso es completamente obligatorio para evitar los cortes producidos por sus dientes.
Para buscar un lucio trofeo de más de 5 kg, utiliza señuelos grandes (15–25 cm), aplica una recogida lenta cerca del fondo y prioriza las grandes masas de agua durante la temporada de otoño. Los jerkbaits y los vinilos sobredimensionados constituyen las presentaciones especializadas más efectivas para conseguir capturas récord.